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sábado, 10 de agosto de 2013

Capítulo II -El viaje-


-Mi querido Diógenes cuida de mis jardines. Atiende mis rosas como si estuviera aquí, para regocijo de mis ojos.
.- Desde luego Mi señor. -Replicó el mayordomo. A pesar de su gesto impasible, podía verse en él cierta pena. Su mirada se escondía en unos párpados que caían como uno telón. Unos párpados arrugados. Con una curva, como trazada en la piel, y repasada una y otra vez por el tiempo y más abajo, unos ojos celeste gris profundo, como un amanecer claro y un cielo interminable, tímidos bajo los párpados. Ahora húmedos.
-        ¿por cuánto tiempo se ausentará mi señor? si se me permite, tal impertinencia, preguntó el anciano.
-        No puedo responderte, mi leal compañero. Debo seguir lo que se me ha presentado en sueños. -        ¿Pero qué haremos sin  su presencia? Todo el ducado corre peligro.
-        Descuida, he mantenido reuniones con los Marqueses, quienes comprometieron cuidarlo.
 Así los duques de oriente y norte acudirán si les necesitas. Hemos acordado que encenderás las almenas frente a una amenaza y concurrirán de inmediato con caballerías, a tu auxilio. Sólo mantén buen trato con los marqueses del oeste. Y si sobreviene un ataque por mar, entonces ve por   Sir  Robert. Él sabe que he dejado los documentos firmados y lacrados, donde te concedo hasta mi regreso el título de Senescal.

El anciano levanto la mirada. Estaba acomodando los arneses del caballo de Sir John, pero no pudo evitarlo. La frase le hizo vibrar desde dentro. Con un gesto brusco soltó el correaje y los ojos enormes miraron fijamente al Noble. Como si hubiera notado que el movimiento era incorrecto, bajo la cabeza. Luego replicó:
-        Mi señor, no puedo aceptarlo. He trabajo a su lado desde mi infancia. Han pasado ya cuarenta años de vivir en palacio. Si bien he aprendido mucho, no tengo la sabiduría de mi señor. No podría, y por otra parte mis ocupaciones me impedirán dedicarme a los asuntos graves de los que se usted se ocupa. No tengo ni la agilidad ni la inteligencia. Por favor reveladme de semejante responsabilidad. No soy digno.
-        Deja eso ya, mi querido Diógenes. Eres de hecho quien lleva adelante todos los menesteres de mi ducado. He contado contigo más que con nadie y has mostrado un desempeño leal y cariñoso. He meditado largamente  en soledad. Bien sabes que paso largo tiempo en los bosques del pico, junto al lago, donde las ramas de los árboles escriben en el agua. He leído de ellos y he coincidido en que eres tú el más indicado.
-        Mi pobre origen y mi linaje vulgar no son merecedores de tal dignidad. Una vez más, reflexione mi señor. Libradme. No puedo.
-        No se hable más. ¿Han preparado mis vituallas?  tengo largo camino. Marcharé todo el día y espero acampar en Lennox.

Diógenes termino de acomodar ahora la montura. Los cabestros de cuero y detalles de plata repujada, estaban en su lugar y ahora Winnter, el mejor caballo de sir John, estaba listo.  En un momento Sir John, detuvo su mirada en el caballo y se quedó meditando.

Recién su madre acababa de parirlo. Era un como de nieve, que el viento caprichoso, le estampó unas cenizas en la cara, y las crines. Tenía una presencia de animal noble, que esperaba estallar cuando fuera su primavera. Allí mismo lo eligió, sería su caballo de combate, de gala. Ese potrillo dejaba ver su destino de gloria. Le acarició el cuello y el corcel aceptó la caricia. Reconociendo a su dueño de inmediato.
Unos jóvenes llevaban el estandarte de la casa real. Con el único león en el centro, de color púrpura, parado sobre sus patas traseras y sus afiladas garras desplegadas. Por encima una corona de siete picos, dorada. Sobre un fondo azul. Luego la compañía tenía 20 caballeros y toda otra cantidad  de sirvientes y provisiones. Más atrás una caballada para descanso de los animales y unos cuantos aves de corral. La travesía sería prolongada.
El camino se abre entre bosques. El clima está frío y el otoño, se parece al invierno, con su cielo gris y sus colores tenues, que impiden ver las diferencias en los tonos de verde. 
Cada tanto algún claro. Estaban a pocas horas de Lennox. El humo y el olor a alimentos cocinándose les anticiparon que alguien estaría cerca.  No podía de todos modos mirar lejos, el camino ahora estaba yendo de recodo en recodo. Y los bosques espesos, hacían la visión en línea  recta casi imposible. Al galope y de frente se acercó el explorador. Se detuvo frente a sir John. 
-        Mi señor, hay unas gentes esperando la noche. Parecen trashumantes. No he visto ni armas, ni vigías. 
-        Avancemos pues, replicó sir John.
Cuando estaban cerca, unos gritos tomaron la atención de Sir. John. Apresuró el paso y vio a un mocete amarrado a un árbol de pie, con la espalda marcada de azotes, y un hombre corpulento, de barba desprolija, que no ahorraba esfuerzo para atizar al joven.
Con la compañía detrás se detuvo y sin bajar del caballo preguntó, que estaba pasando.
-        Oh  noble señor, sólo estoy educando al niño.
-        ¿Y que ha hecho? Preguntó
-        Ha robado de nuestro alimento. Por ello estamos propinando disciplina. No queremos que se convierta en un salteador de caminos.
Cerca de allí, una mujer lloraba, muy ensimismada y en silencio.
-        ¿es esa la madre? ¿Preguntó sir John?
-        Soy la madre. Él no ha sido, noble señor. Sólo se propuso a recibir los golpes.
-        ¿y por qué lo ha hecho, acaso la ladrona eres tú?

Mientras hablaban, se acercaban personas. Ahora ya con palos y azadas y algunos con arcos en las manos. De pronto llegaban a un centenar. La madre enjugándose los ojos explicó.
- Mi otro hijo, el más pequeño, tiene diez años, y me ha sido imposible explicarle, que aunque ellos estuvieran asando unas cabras, pudiéramos comer de aquella comida, que no nos pertenece. Se ha escabullido y antes de poder detenerlo, tomó unos trozos y corrió hacia donde nos encontrábamos su hermano y yo. Fue entonces cuando se presentaron y mi hijo mayor, se responsabilizó del acto, para que no atizaran al pequeño. Es que no puedo enseñarlos a tolerar el hambre. Aún son jóvenes.
-        Son ladrones y deben ser castigados. Aprenderá con sangre. -dijo el hombre robusto y azotó aún más bravamente al joven-.
-         Detente!  -Exigió sir John-.
-        Sólo cuando la fatiga de mi cuerpo lo mande.
Sir John levantó su mano derecha e hizo un gesto, que parecía ingenuo. La flecha silbó en el aire y un ruido seco. Para cuando todos miraron, el brazo que llevaba el látigo, estaba contra un tronco del mismo árbol donde el joven estaba atado. El hombre corpulento lanzó un grito de dolor y espanto.

Toda la caballería estaba ahora pronta. Las flechas por fuera de los carcajes, las espadas desenvainadas, los caballos inquietos y prontos.
-        El muchacho no tiene nada que ver y como lección es excesiva. Se termine de inmediato con este martirio. Liberadlo y alimentad a su familia en compensación. No querrán que los buitres se alimenten de sus cuerpos tendidos en el claro.
Lentamente, las personas se acercaron, ayudaron al hombre pegado al árbol y al joven su madre abrazó. Luego prosiguió el niño, que corrió con un paño mojado a sanarle la espalda.
-        Marcharemos hasta el río donde haremos noche. Cuídense de que no tengamos que volver por vuestros excesos.
La caballería comenzó a moverse lentamente. Ahora todos les miraban a su paso. Lentamente el campamento fue quedando atrás.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

El voto de los jóvenes. ¿Democracia moderna o Voto calificado?


Y entonces estamos otra vez en el debate. Los jóvenes tienen que votar a a parir de los 16 años?
Lo primero que no viene a la cabeza, es que siendo jóvenes e inexpertos, parece en primera instancia que no.

Es en el año 1949, que Evita comienza una cruzada para lograr el voto femenino.

No hace tanto. Lo logra y es a partir de 1951 que las mujeres comienzan a tener la oportunidad de formar parte de las acciones más importantes de la democracia, después de la separación de poderes.
Los tiempos han cambiado.

Ahora ser joven, implica un estado de madurez distinta.  La verdad, a mi me suena que la edad no puede ser un obstáculo, para ejercer con moderación la participación democrática de los más jóvenes.
Según a última reforma referida  a la mayoría de edad de los jóvenes, los mismos alcanzan la  mayoría de edad a los dieciocho. Por qué entonces no pueden ejercer el sufragio a los 16 años. Con la incorporación de la plenitud de derechos, como es posible que no puedan participar activamente en las elecciones. Dentro nuestro se presentan mociones de dejar quieto el statu quo actual. Estos detenimientos respecto de que las cosas no cambien, se dan de patadas, con una madurez alcanzadas por ciertos jóvenes a los que les interesa la vida política y vienen participando activamente en una suerte de apertura política cercenada desde los establecimientos más conservadores.

Se los valora como jóvenes imberbes, incapaces de comprometerse con la actividad política y se les adjudica un título de idiotas. Sin embargo esos jóvenes nos enseñan a todos el compromiso, la potencia y la capacidad de generar cambios, con una participación activa de sangre potente y esperanzada.
No pasa por la objeción, ni por las prácticas conservadoras que enarbolando razones de índole madurativas se oponen al pleno ejercicio y participación de los jóvenes, cuando los mismos muestran un compromiso con la política diferente en todo sentido al sentido conocido.
Son atrevidos. Rechazan las dictaduras de unos adultos que quieren hacer de ellos unos tontos que no saben lo que hacen, pero manifiestan propósitos políticos.

Estos son así ya que forman partes de ong que no fueron sustraídas por la política he imprimen una nueva modalidad de interpretar la realidad y la prepotencia de querer que todo cambie.
Asisten estos jóvenes de manera diferente a lo que estábamos acostumbrados y nos enseñan como lo posible, es más alentador que lo imposible, dado por un estatu quo al servicio de unos planes conservadores.

Me pregunto a que se enfrento evita cuando puso sobre el tapete el voto femenino.
Me cuesta creer que no sea del mismo tipo.
No. No creo en la edad. Tiene un razonamiento joven, que a lo mejor ayuda a no entrar en el discurso de adultos, al momento de plantear los cambios que sin su energía serían imposibles.
Como siempre las sociedades reaccionan, tratando de borrar, de suprimir lo que ellos con su joven desfachatez nos hacen posible, con la sola voluntad de un corazón no contaminado.
Es fácil, la edad no es argumento y la cuestión cronológica no puede se tenida como parámetro.
Ellos forman parte de ong que curiosamente intentan pequeños, logros que en manos de políticos profesionales son complejos. Quieren participar, involucrarse, pelear por unas ideas y participar activamente.
Esto sólo puede molestar a unos pocos: los que queremos que nada cambie. No sea cosa que nos jóvenes impertinentes, formen ahora parte del debate.
Una pena.
Una verdadera pena.
Los jóvenes cuestionan con una lucidez implacable. Tienen una ingenuidad que se da de patadas con la rosca de la política y son desfachatados he irrespetuosos de todo cuando se ha planteado como la carrera política lógica.
El desafío de la democracia es incorporarlos. No tenerlos a raya.
Para lo cual, hay que aceptar que ideas tienen y que en todo caso seguramente estén dispuestos a discutir. Estas discusiones irritan a los adultos, más acostumbrados a darles órdenes, a disciplinarlos. A hacerlos formar parte de un todo conflictivo propio de la adolescencia.
Han irritado tanto el avispero, que resulta obvio que tienen razón. Una cosa más. Si el temor es que sean abducidos por fuerzas maléficas que quieren lucrar de ellos, sería bueno, que todos los que participan en política los alojen. y no que los traten como idiotas
En todo caso, que pudieran votar, es legitimarlos como participes activos de la democracia.
Sus planteos sencillos son una agresión a las perplejidades de los señores mayores de la política, que deben realizar enormes esfuerzos para obtener un lugar.
Sangre joven. Sangre fresca, sangre renovada. ¿En qué puede hacerle mal a la política?